La OMS estimó que en 2016 murieron unas 399 000 personas debido a la hepatitis C, sobre todo por cirrosis y carcinoma hepatocelular (cáncer primario del hígado). La hepatitis C es una enfermedad del hígado causada por el virus del mismo nombre (VHC): un virus ARN pequeño (no más de 40 nm). El virus interactúa con moléculas de la membrana plasmática de las células hepáticas (hepatocitos), entrando en la célula, donde libera su ARN, que se traduce para producir varias proteínas estructurales, y donde además tiene lugar su replicación. El virus se transmite a través de la sangre por varias causas, como consumo de drogas inyectables, prácticas de inyección o de atención sanitaria poco seguras, transfusión de sangre y productos sanguíneos sin analizar, y prácticas sexuales que conllevan contacto con sangre. Este virus puede evadir al sistema inmune, y presenta además una tasa de mutación alta, por lo que actualmente no existe una vacuna para él. Por ese motivo es muy importante insistir en la prevención temprana, ya que puede causar hepatitis aguda o crónica, pudiendo derivar en una enfermedad grave de por vida como el cáncer hepático. Afortunadamente los antivíricos pueden curar más del 95% de los casos de infección por el virus de la hepatitis C, lo que reduce el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis.
El pasado 2020 se otorgó el premio Nobel de Fisiología y Medicina a Harvey J. Alter, Michael Houghton and Charles M. Rice por el descubrimiento del virus de la Hepatitis C. Antes de su trabajo, el descubrimiento de los virus de la hepatitis A y B había sido un paso muy importante para comprender esta enfermedad, aunque la mayoría de los casos de hepatitis transmitida por la sangre seguían sin explicación. El descubrimiento del virus de la hepatitis C reveló la etiología de estos casos, e hizo posible el diagnóstico precoz gracias a análisis de sangre y el desarrollo de nuevos medicamentos que han salvado millones de vidas, eliminando el riesgo de contraer la enfermedad por transfusiones sanguíneas contaminadas a nivel mundial. Su descubrimiento también permitió el rápido desarrollo de medicamentos antivirales. Ahora por primera vez en la historia, la enfermedad tiene cura y podemos plantearnos su erradicación en un tiempo razonable, aunque siguen siendo necesario el desarrollo de líneas de investigación y un buen control epidemiológico para que esto sea posible.
Para saber más:
https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/2020/press-release/
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-c
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La OMS estimó que en 2016 murieron unas 399 000 personas debido a la hepatitis C, sobre todo por cirrosis y carcinoma hepatocelular (cáncer primario del hígado). La hepatitis C es una enfermedad del hígado causada por el virus del mismo nombre (VHC): un virus ARN pequeño (no más de 40 nm). El virus interactúa con moléculas de la membrana plasmática de las células hepáticas (hepatocitos), entrando en la célula, donde libera su ARN, que se traduce para producir varias proteínas estructurales, y donde además tiene lugar su replicación. El virus se transmite a través de la sangre por varias causas, como consumo de drogas inyectables, prácticas de inyección o de atención sanitaria poco seguras, transfusión de sangre y productos sanguíneos sin analizar, y prácticas sexuales que conllevan contacto con sangre. Este virus puede evadir al sistema inmune, y presenta además una tasa de mutación alta, por lo que actualmente no existe una vacuna para él. Por ese motivo es muy importante insistir en la prevención temprana, ya que puede causar hepatitis aguda o crónica, pudiendo derivar en una enfermedad grave de por vida como el cáncer hepático. Afortunadamente los antivíricos pueden curar más del 95% de los casos de infección por el virus de la hepatitis C, lo que reduce el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis.
El pasado 2020 se otorgó el premio Nobel de Fisiología y Medicina a Harvey J. Alter, Michael Houghton and Charles M. Rice por el descubrimiento del virus de la Hepatitis C. Antes de su trabajo, el descubrimiento de los virus de la hepatitis A y B había sido un paso muy importante para comprender esta enfermedad, aunque la mayoría de los casos de hepatitis transmitida por la sangre seguían sin explicación. El descubrimiento del virus de la hepatitis C reveló la etiología de estos casos, e hizo posible el diagnóstico precoz gracias a análisis de sangre y el desarrollo de nuevos medicamentos que han salvado millones de vidas, eliminando el riesgo de contraer la enfermedad por transfusiones sanguíneas contaminadas a nivel mundial. Su descubrimiento también permitió el rápido desarrollo de medicamentos antivirales. Ahora por primera vez en la historia, la enfermedad tiene cura y podemos plantearnos su erradicación en un tiempo razonable, aunque siguen siendo necesario el desarrollo de líneas de investigación y un buen control epidemiológico para que esto sea posible.
Para saber más:
https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/2020/press-release/
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-c
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